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Ricardo Balbín, el 1º de julio de 1974 en el funeral de Juan Perón
“Este viejo adversario despide a un amigo…”
Por Santiago Senén González(*), Especial para Noticias Gremiales

Hace 44 años, el 1° de julio de 1974, a las 10.25, un paro cardíaco se producía en el cuerpo del presidente de los argentinos, Juan Domingo Perón. Lograron reanimarlo, pero un nuevo paro sucedió. Esta vez no tuvieron éxito y a las 13.15 el líder falleció. Una hora después María Estela Martínez de Perón -en ejercicio de la presidencia desde el sábado 29 de junio- anunció la noticia a todo el país. Y 18 partes médicos, que diagnosticaban desde un tumor hasta un resfrío, salieron de boca en boca.

Inmediatamente, se decretó un cese de actividades. Los diarios no pudieron anunciar el hecho hasta el día siguiente, pues no aparecieron por un conflicto que mantenían los trabajadores gráficos con las empresas periodísticas.

El cuerpo de Perón fue instalado en la capilla Nuestra Señora de la Merced, de la quinta presidencial de Olivos. Vestía uniforme militar y fue velado allí hasta las ocho del día siguiente. A esa hora fue trasladado a la Catedral Metropolitana. Una silenciosa caravana de automóviles, escoltada por patrulleros de la policía, se dirigía por la Avenida del Libertador hacia el centro de Buenos Aires.

Llovía sin parar, y no parecía un día peronista. El vehiculo que transportaba el féretro, arribó a las 9.40 y allí se rezó una misa de cuerpo presente. Luego, colocado en una cureña, el féretro, flanqueado por granaderos, fue conducido al Palacio Legislativo, donde permaneció hasta las 9.30 del jueves 4 de julio.

Los restos del ex presidente reposaron en medio del Salón Azul, un recinto octogonal que evoca la unidad argentina, ante un crucifijo, cuatro escudos y 23 banderas nacionales. Estaba sobre una tarima cubierta con alfombras de terciopelo rojo. En ese mismo lugar, 22 años atrás, había sido velada ‘Evita’. El símbolo religioso también fue el mismo: una cruz tallada en madera, procedente del Perú, que data del siglo XVII.

Durante aquellas 46 horas y media que el cuerpo del Líder estuvo en el Congreso se calcula que pasaron unas 135 mil personas a saludarlo; afuera, más de un millón de argentinos quedaron sin darle el último adiós.

Conmoción
El país estaba conmocionado. Había dos mil periodistas extranjeros informándole al mundo todos los detalles de las exequias, además de los nativos, entre ellos el periodista que aquí escribe. Tres primeros mandatarios llegaron a Buenos Aires para sumarse al duelo de los argentinos: Juan María Bordaberry, de Uruguay; Hugo Banzer, de Bolivia y Alfredo Stroessner, de Paraguay.

Tres días después del deceso de Perón, un chofer pasa a buscar a Ricardo Balbín viajaba en auto había dormido mal en casa de un amigo, en la avenida Córdoba, y, junto a Antonio Tróccoli, luego ministro del Interior en el gobierno de Raúl Alfonsín, lo había pasado a buscar para ir al acto homenaje que le hacían a Perón, donde él iba a tener que hablar

“Me olvidé el papel”, dijo repentinamente despertando en aquel apesadumbrado viaje. El chofer clavó los frenos, pero no hizo falta regresar: Balbín podía improvisar. Entonces, recordó cuando en los ’50 un fiscal había pedido para él 12 años de prisión en Olmos. Había sido un preso político y sólo Perón lo había indultado.

Balbín vestía un traje azul oscuro. El saco estaba mal abrochado. Llevaba una corbata al tono y mantenía sus dos dedos pulgares en los bolsillos del pantalón. Casualmente, había nacido en ese mes que transcurría, sólo que 70 años atrás. Ahora, había dejado de lado las rivalidades de la vieja lucha y este veterano político con surcadas arrugas decía, un 4 julio de 1974: “Este viejo adversario despide a un amigo”, dijo.

Además de Balbín, representando a los partidos políticos, otros once oradores despidieron a Perón en el Congreso: Benito Llambí, por los ministros; José Antonio Allende, por los senadores; Raúl Lastiri, en nombre de los diputados; Miguel Antonio Bercaitz, por la Corte Suprema de la Nación; el teniente general Leandro E. Anaya, por las Fuerzas Armadas; el gobernador riojano Carlos Menem, en nombre de sus colegas provinciales; Duilio Brunello y Silvana Rota, por el Partido Justicialista; Lorenzo Miguel, de la 62 Organizaciones Peronistas; Adelino Romero, titular de la Confederación General del Trabajo (CGT) y Julio Broner, por la Confederación General Económica (CGE).

(*) Periodista e Historiador. Compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino de la Universidad Torcuaro Di Tella. Autor, con Fabián Bosoer, de “La lucha continúa”, Editorial Vergara, Buenos Aires, 2012.


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