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A 44 años del fallecimiento del tres veces presidente de los argentinos

La Doctrina de Perón mantiene plena vigencia
Por Ricardo Hugo Propato, periodista y escritor (*). Especial para Noticias Gremiales.

La clase trabajadora argentina, como columna vertebral de nuestro Movimiento, es la que ha de llevar adelante los estandartes de nuestra lucha”.

Esta rotunda y profética afirmación fue vertida por el Presidente Perón el 1º de mayo de 1974 desde los históricos balcones de la Casa Rosada y ante una multitudinaria concentración que desbordaba la Plaza de Mayo por los cuatro costados.

Ese mismo día, al dirigir su mensaje ante la Honorable Asamblea Legislativa, el Presidente Perón presentó un documento sustancial que algunos estiman como su verdadero “testamento político”: el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. Ese texto magistral define a nuestro país como una democracia plena de justicia social, asignándole un rol protagónico y decisivo al Movimiento Obrero Organizado, al afirmar que “los trabajadores tienen que organizarse para que su participación trascienda largamente la discusión de salarios y condiciones de trabajo. Se requiere la presencia activa de los trabajadores en todos los niveles”.

No es aventurado afirmar que, a más de cuatro décadas de su fallecimiento, el legado político y doctrinario de Juan Domingo Perón no sólo mantiene plena vigencia en la Argentina del siglo XXI sino que constituye, incluso, la guía más confiable para iluminar el camino hacia un futuro mejor, que hoy aparece lleno de acechanzas.

Mal que les pese a los factores de poder, el Justicialismo sigue siendo el más alto grado de conciencia política alcanzado por el Pueblo Argentino en la lucha por su liberación nacional y social.

Y es así porque, medio siglo atrás, aquel genial estadista se anticipó a todas las preocupaciones que hoy agobian a la sociedad posmoderna: la armonización del crecimiento económico con la justicia social; la problemática ecológica; la integración continental como etapa previa hacia el universalismo. Y la edificación de una Comunidad Organizada capaz de superar los vicios del colectivismo asfixiante y el individualismo deshumanizado.

¿Acaso el Líder Justicialista no había postulado que “el capital debe estar al servicio de la economía, y ésta al servicio del bienestar general”? También había advertido que “en el año 2000 Latinoamérica estaría unida o dominada”. Y cabe reconocer que, en ese sentido, se dieron pasos importantes como la conformación del MERCOSUR y, sobre todo, de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), instituciones que nos fueron acercando a la concreción de esa Patria Grande que soñaran San Martín y Bolívar.

Lamentablemente, el reloj de la historia ha vuelto a atrasar, y nada menos que el Papa Francisco, durante su reciente visita a Perú, advirtió: “América Latina estaba buscando un camino, la Patria Grande, y de golpe, con los años, está sufriendo bajo un capitalismo liberal y deshumanizado”.

Las amplias conquistas sociales, laborales y asistenciales consagradas en los Convenios Colectivos de Trabajo y en el Sistema Solidario de Salud, son las sólidas bases del Modelo Sindical Argentino, que al Movimiento Obrero le han permitido resistir y superar todos los ataques y amenazas de las minorías oligárquicas y las dictaduras militares que, a partir del sangriento golpe de 1955, usurparon el poder de los gobiernos elegidos por el pueblo.

Desde la arbitraria intervención militar de las organizaciones sindicales -incluyendo la persecución, la tortura y el asesinato de dirigentes obreros- hasta la corrupta “Ley Banelco”, sin olvidar las nefastas políticas de desregulación y flexibilización laboral de la década del ‘90, que hoy la Administración Macrista ha reactualizado con mano de hierro y desastrosos resultados.

Esos sectores elitistas vuelven a motorizar una ofensiva política, mediática y judicial que apunta al debilitamiento y la anarquización de las estructuras orgánicas del Sindicalismo Organizado, a fin de imponer un nefasto plan de ajuste económico, endeudamiento externo y marginalidad social.

Lo que en verdad molesta a los factores de poder es que nuestro país ostenta la tasa de sindicalización más alta del mundo y, como su lógico correlato, la fortaleza gremial, social, institucional y patrimonial de nuestras organizaciones sindicales no tiene parangón ni siquiera en las naciones más desarrolladas del planeta.

Así lo expresó el Presidente Perón al hablar en la C.G.T. el 2 de noviembre de 1973: “He recorrido casi todo el mundo, y no creo que en ningún otro lado se haya alcanzando, cualitativamente, el grado de perfección que nuestra organización sindical pone en evidencia todos los días”.

Por todo ello, el desafío más serio e imperativo que hoy debe afrontar el Movimiento Obrero es la defensa irrestricta del monolítico Modelo Sindical que nos legara nuestro inmortal Conductor: el General Perón. Esta responsabilidad indelegable constituye, en el plano estratégico, la única garantía para preservar y consolidar las importantes conquistas sociales y laborales que amparan el bienestar integral de la familia trabajadora argentina.

(*) Autor del libro “Defender el Modelo Sindical Argentino”.


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