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“Llevar Paz a la República. Es mi objetivo”, dijo el Líder de masas
Hace 45 años Perón regresaba a la Argentina
Por Santiago Senén González, Periodista e historiador (*). Especial para Noticias Gremiales

El 17 de noviembre se cumple el 45 aniversario del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina tras su largo exilio, iniciado en 1955. El gobierno del teniente general -el mismo rango militar que se devolvería al ex presidente- Alejandro Agustín Lanusse admitió su regreso. Este se realizó con un impresionante operativo de seguridad pero no se registraron en esa oportunidad -cosa que ocurrió un año después- graves incidentes.

El autor de esta crónica fue uno de los alrededor de 300 dirigentes políticos, sindicales y periodistas autorizados para llegar al Aeropuerto de Ezeiza ese día. Lo acompañó, en esa oportunidad, el dirigente del Sindicato de Pasteleros Alfredo Maldonado.

Un conocido colega -Miguel Angel Barrau- muy vinculado a la Aeronáutica, que integraba la Mesa Redonda de Radio Splendid, y el Noticioso de Radio Mitre, viajó en el Douglas DC 8 de Alitalia, el “Giuseppe Verdi”, que trajo a Perón desde Roma. Algunas de sus impresiones las comentó con nosotros y otras las dejó escritas en un libro llamado “Historia del Regreso”.

Dos días después de su estada en Argentina el ex presidente tuvo el abrazo histórico con el caudillo radical y viejo adversario Ricardo Balbín.

Charter
Poco antes de partir, Barrau entrevistó a Perón y sus palabras se escucharon en la Argentina. Manifestó que “con mi viaje espero llevar paz a la República Argentina. Este es mi objetivo. Si algunos rencores que han podido generarse en la evolución de la situación política existen, deberán ser limados y resueltos para el bien del país”.

Nombrar a los pasajeros que acompañaron al General en este su regreso -el primero fue frustrado en Brasil y el tercero y definitivo fue traumático- al ser extenso lo impide el espacio periodístico. Pero debemos señalar que estaba representado todo el quehacer laboral de nuestro país incluido el académico y artístico en todos sus matices.
Luego, el “Giuseppe Verdi”, se desconectaba de la tierra, ascendía gradualmente e iniciaba el viaje con el que finalizaría el largo exilio de Juan Domingo Perón.

Cuando se avisa que se sobrevuela territorio argentino, los viajeros entonaron la tradicional marcha “Los Muchachos Peronistas”, con la participación de quien le puso la voz, Hugo del Carril, pasajero del vuelo. Perón sonriendo dice: “Yo les pido que de ahora en adelante y cuando aterricemos en el suelo de la patria, no se entone otra canción que no sea el Himno Nacional”.

Habían pasado 17 años y 52 días desde aquél momento en que el Capitán Leo Norward, piloto del presidente Stroessner, utilizando toda la potencia de los motores del viejo avión Catalina, del T 29 de la Fuerza Aérea Paraguaya, lograra desprender su fuselaje de las aguas encrespadas del Río de la Plata, hacerlo ascender e iniciar el largo periplo del exilio de Juan Domingo Perón. Son las once horas y quince minutos del día 17 de noviembre de 1972.

Suelo argentino
Perón deja el avión acompañado por su esposa Isabel, Héctor Cámpora y José López Rega. Sube a un vehículo. Cuatro automóviles de custodia precedían, flanqueaban y cerraban su marcha. El auto se detuvo. Se abrió la puerta y Perón descendió a la lluvia y al vitoreo de sus simpatizantes.

Sus brazos se alzaron en el clásico saludo. José Rucci y Juan Manuel Abal Medina, secretarios de la CGT y del Partido Justicialista, respectivamente, ingresaron a la pista. El titular de la central sindical llevaba un paraguas con el que protegió a Perón de la inclemencia del tiempo. Con mayor velocidad, en un automóvil blanco, se cubrió el último tramo del camino que lleva al Hotel Internacional.

El viernes 17 de noviembre, a pesar de las medidas adoptadas por el gobierno para evitar desbordes, marchan a Ezeiza miles de personas. La mañana es lluviosa: los manifestantes tratan de alcanzar el aeropuerto, siendo impedidos por barreras militares y policiales.
De todas maneras, algunas columnas logran quebrar los cordones y se instalan en las cercanías de la estación aérea.

Existen colisiones frente a los cuarteles de La Tablada, en las inmediaciones del río Matanza -donde mientras los efectivos arrojan granadas lacrimó-genas- unas cien personas cruzan el río a nado.
Esta jornada fue institucionalizada como “Día de la Militancia” y se conmemora anualmente.

Ante las medidas militares de soldados armados con ametralladoras se arguye la preocupación del gobierno por la “seguridad personal” del ex presidente. El Secretario de Prensa, Edgardo Sajón, les manifiesta a los colegas -se tutea con la mayoría de ellos pues ha tenido trato frecuente en la Sala de Periodistas de la Casa Rosada- que todo está previsto para que Perón vaya a la residencia elegida, luego de descansar de tan largo viaje en la habitación 113.

Finalmente, Perón abandona el hotel de Ezeiza a las 6.05 de la mañana. Se dirige a su casa de Gaspar Campos 1065, en Vicente López. La vivienda, de tres plantas, tiene el frente de ladrillo pintado de blanco y el tejado rojo. En el frente un escudo que dice “Ni temerariamente ni tímidamente” ¿Podría ser el apotegma del General? “En su medida y armoniosamente”.

Ese fue el escenario donde, a los pocos días, lo visitó el caudillo radical, Ricardo Balbín y en donde esboza un futuro político que no fue, como era la posibilidad de acciones conjuntas de los dos grandes partidos. Dijo Balbín en una de esas dos reuniones: “Es una conversación entre dos argentinos que olvidan sus pasados y hablan de las perspectivas del futuro nacional”.

(*) Compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino de la Universidad Torcuato Di Tella. Autor con Fabián Bosoer de “La Lucha Continua y Breve Historia del Sindicalismo Argentino - Con Prólogo de Andrew Graham Yooll.


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